miércoles, 5 de septiembre de 2012

El sueño de los héroes de Adolfo Bioy Casares


El contenido de la novela la resumió el propio Bioy parcamente pero con precisión:

Es una historia que me pareció linda y dolorosa, que cuenta el amor de una muchacha por un hombre, y este, por seguir la aventura como un héroe de fábulas antiguas, no hace caso a los sentimientos y va cumpliendo su destino

Fundamentar una trama con argumentos tan aparentemente débiles en la actualidad como el destino, la predicción de un brujo o la magia, y que esa trama no solo resulte creíble sino que conduzca a una emoción inequívoca, me parece el logro más admirable de esta novela, quizás no el único.

Igualmente convence la remota posibilidad de que Emilio Gauna se enamore de una máscara durante los carnaveles del 27, el lector tampoco necesitó verle el rostro para registrar su presencia.

Esta es la novela favorita de muchos, tal vez del propio autor, no negaré que yo también me encuentro entre sus fervientes defensores. Esta última es la cuarta vez que la releo sin que deje de sorprenderme la trama. La conocida irrupción de la fantasía en medio de una realidad reconocible y cotidiana (lograda en este caso mediante el empleo feliz del estilo oral) es uno de los recursos que más me asombran en cualquier relato. Pero no es menos cierto que los arrabales porteños donde se desarrolla la historia y que para Bioy serían su mundo ordinario, ahora también son un escenario mítico, donde lo fantástico provoca menos estupor.

Quisiera detenerme en uno de los temas de cabecera de la novela: la disyuntiva entre cobardía y valentía en la que se mueve el protagonista y a la que hace referencia el título de “héroe”, aquel que no rehusó su destino y eligió el coraje.
No lo voy a negar, yo siembre estuve a favor del cobarde. Del que se oculta, del que sale corriendo, del manso que rehuye el barullo y del que no las devuelve dobladas. Tanto aborrezco las violencias inútiles y ruidosas que siempre mantuve esta postura, no fue secundada por nadie que conociera, ni el más pacifista, y todos acordaron que esta pusilanimidad era indefendible.

 En este caso mi opinión no está basada en la experiencia, yo nunca mostré cobardía, tampoco valentía, siempre encontré tanta indiferencia en los que me rodeaban que ni los malevos se preocuparon en provocarme. Era una postura poco razonable, y con el tiempo fui suavizando mi violenta obcecación. La literatura negra, principalmente, me convenció de que la cruda violencia, la venganza y la defensa heroica de los principios tenía su encanto, su misterioso encanto.

Desde una perspectiva puramente objetiva, la decisión de Emilio Gauna es irreprochable, el final de la novela se complace en una solución que evade todo comentario (quizás solo la maldad de Valerga la justificaría) . Las cosa es así y punto.

Pero entonces vuelve mi vena cobarde y me digo que si yo hubiese sido Gauna me hubiese quedado con la máscara. Me pregunto si la máscara aprobaría mi decisión, según la lógica de Bioy, no.

3 comentarios:

Rochies dijo...

Mon Dieu. Deme tiempo para ponerme al día.

mario gomez garrido dijo...

Hecho

Rossina dijo...

¿sabe que ayer fue su cumpleaños? yo me fui a un homenaje Borges Bioy por Melero en Malba, que dejó mucho que desear...