martes, 30 de octubre de 2012

Escribir en Esmirna



Hay nombres de ciudades, que por el mero hecho de pronunciarlos, provocan algún tipo de reacción emocional, como si esas humildes letras remitieran a un recuerdo, o a algo pendiente de hacer. Esmirna es una de ellas, y no se por qué. Aunque apenas sepa nada de aquel lugar, ni me interesen demasiado las costas egeas, es pronunciar “Esmirna” y  instantáneamente trasladarme allá, alcanzar el Oriente, el mar, su pasado. Es extraño,  Esmirna debería interesarme menos que sus míticas ciudades vecinas, Delfos y su oráculo antiguo o Pérgamo y su biblioteca, que rivalizaba con Alejandría. Pero de Esmirna me atrae el nombre (tanto es así que es pronunciar el que le dieron los turcos, Izmir, y me sigue pasando lo mismo), me atrae esa mezcla caótica y sensual de lo griego con lo islámico de la que dejó buenas páginas Cavafis, y me atrae el hecho de que me permite llevar la mente lejos, a cierto ámbito exótico de la realidad en el que yo suelo moverme más a gusto que no aquí, y en esta ciudad, y en los lugares comunes que habito desde siempre. No se si me explico.

El caso es que Esmirna es famosa por muchas cosas, entre ellas por el empeño que tienen sus habitantes de que el mismísimo Homero nació allá, hace no se sabe cuánto. Este honor se lo disputan muchas ciudades, y nadie parece llegar a un acuerdo, parece difícil decidir dónde nació un tipo que ni siquiera se sabe si existió realmente, parece ser que sí. Al respecto se posicionaron Cicerón y Estrabón, que no solo aseguran que nació en Esmirna, sino que además los lugareños le construyeron allí un templo, lo cual no deja de ser algo curioso tratándose de un poeta que se mofaba, según Platón, de los dioses. Al parecer, a orillas del Melés, en un sitio bastante apartado y tranquilo, había un paraje en el que, según Chateaubriand, su madre le dio a luz y una gruta donde se retiró para componer sus iliadas y odiseas tan memorables. Llama la atención sobretodo la elección de este sitio como lugar para escribir, un sitio tan retirado que Quinto de Esmirna, exagerando, dijo estaba “a tres veces la distancia a la que se puede oír un grito”, lo que, si el que grita tiene buenos pulmones, es bastante lejos. 

Es habitual oír hablar a quien se dedica a la escritura de sus lugares ideales de trabajo, de los sitios privados donde, a modo de retiro o de guarida, se dedican a eso que es lo suyo: el escribir cosas que llamamos luego literatura. Yo no escribo habitualmente, pero si lo hiciera me gustaría ante todo un sitio oscuro, donde la luz no provocase distracciones, dónde solo hubiera la suficiente para que pudiera ver lo que hago. Precisaría de una silla, de una mesa, de papel y algo con que garabatearlo. Quizás un diccionario. Debería tener silencio, o un rumor exterior constante, algo así como el run-run de una conversación tranquila o el paso de carros en una autopista, todo salvo que los ruidos imprevistos te hagan levantarte de la silla a destiempo, alarmado. Todo esto es muy básico, pero necesario. En su defecto, me quedaría con la cueva de Homero, aunque estuviera fría y húmeda y, por supuesto, no tendría a mano un reloj, que es el peor enemigo de la escritura, con su afán de terminar pronto lo que estás haciendo.

La imagen de Homero escribiendo en una cueva, por otro lado, es muy sugerente. Sobre todo por el hecho de que a Homero se le supone que era ciego. Es como una redundancia, una doble oscuridad que se cierne sobre este proto-escritor del que sabemos tan poco. Y si era ciego, y si escribía en un lugar oscuro, uno no puede dejar de asombrarse por la perfecta disposición de las imágenes que se dibujan en sus versos, por las cóncavas naves, las lanzas que palpitan tras clavarse en el pecho enemigo, las diosas ojizarcas, las flechas y las espadas, por los escudos labrados, el viaje, el mar, los monstruos y por la vista del hogar tras la ausencia. Si era ciego, si nunca estuvo en el mar ni en la batalla, su logro no solo es algo encomiable, sino que incide en la idea de que para escribir no es necesario la vivencia o para describir algo no es preciso haberlo visto, todo como surgiendo de una inspiración imprevista, las palabras formando un universo creado desde la nada, tal vez desde la fusión de las historias oídas, como cualquiera podría escribir del amor sin haberlo logrado, sin utilizar unas experiencias auto referenciales que remiten al propio ombligo. Es también una perfecta apología de la imaginación, de las posibilidades ilimitadas del intelecto para crear mundos, sin la necesidad de que intervengan los sentidos....no se, o quizás a Homero le pasaron muchas cosas, sobrevivió a las batallas, cuando se hizo viejo se refugió en la cueva, y su escritura no sea más que un resumen de lo vivido, tan solo un remedo de lo que sus ojos tuvieron la oportunidad de atisbar.

Y si hablamos de epígonos de Homero, por qué no referirse a Borges. ¿Que pensaría él de esto que intento explicar, de lo de habitar cuevas, de lo de escribir a ciegas?...Uno de sus cuentos, El inmortal, parte del regalo de un anticuario de Esmirna a la princesa de Lucinge, de unos volúmenes que corresponden a la Ilíada traducida por Pope. La referencia a Homero y al supuesto lugar de su nacimiento es evidente. Borges, necesariamente, se debió identificar con el griego, ambos unidos por alguna clase de sutil afinidad. Los dos tuvieron el inmenso poder de fabricar poemas magníficos surgidos de una imaginación ilimitada, ambos parece ser que no precisaron de la vista para describir la definitiva belleza de las cosas que nos rodean. Quizás se les podrá acusar de escritores de biblioteca, de “hommes de cabinet”, de poetas librescos. Pero algún día, gracias a su ejemplo, quizás a mi me dé por escribir una historia ambientada en Esmirna.

9 comentarios:

Tracy dijo...

Te he de decir que comparto contigo la atracción que se siente por algunas palabras , no se sabe muy bien por qué. El otro día comentaba yo en un blog lo que me gustaba la pronunciación de la palabra Lapislázuli, es extraño, pero sucede y a mí me pasa con relativa frecuencia.

Rochies dijo...

Me levanté a las 7 de la mañana, estudié latín todo el día hasta las cinco que tocó jugársela por todo o nada. Sólo interrumpí, yéndome por la tangente publicando en ambos blogs.
Ud sabe de esas incongruencias que me asaltan...
Y llego, son las 23 horas, y no obstante ello, al leer Esmirna, no pude detenerme. No pude tampoco cesar de leer hasta esa suerte de promesa, vaticinio, que se hace asimismo, y que auguro se concrete alguna vez. Pronto.
Por Homero y Borges. Gracias siempre. Me enamorado de su Odisea...
No me ocurre lo mismo con Virgilio, y tendrá que ceder, si no estaré en problemas.
Escrito inadjetivable.

mario gomez garrido dijo...

Tracy: y yo me quedo con esas palabras repitiéndolas, murmurándolas, incluso hay días que me duermo recordándolas, y a veces no importa lo que significan, sí, son extrañas las palabras.

mario gomez garrido dijo...

Rossina: espero que saliera bien latín, ya te dije el curso pasado que te envidiaba por poder estudiar latín, lo cual te debe parecer en estos momentos una solemne tontería. Bueno, mentí un poco, no tengo pensado escribir una historia ambientada en Esmirna, porque ya lo hice. La dejaré ver en cuanto la depure de algunos fantasmas personales con la que fue escrita. Virgilio, la Eneida, la pasión de Dido, te acabarán conquistando. Por cierto, gracias por todo, que no se si te lo dije alguna vez.

Beatriz dijo...

Qué gusto da leerte,
consigues que tus palabras se nos graben en el alma.
Esmirna, Esmirna me repito y siento que tienes que ser tú y tu mágica manera de contarnos cosas el que me traslade a ese lugar que, aunque desconocido, hoy gracias a ti he tenido la sensación de haberlo recorrido
Leo tus textos y los releo.
y regreso a ellos y siempre emocionas.
Homero y Borges acaso también lo hubieran hecho
La dignidad de un texto siempre encuentra buenos lectores.

Un abrazo-


mario gomez garrido dijo...

¿En serio te gustó? Es demasiado más teniendo en cuenta quien lo dice y como escribe..en fin, muchas gracias.

Rossina dijo...

Mario, pasé española, contra lo que creía que iba a hacer hasta esta mañana: dejarla para el jueves 8. Ahora solo resta el final, del cual aún no hay fecha.
Vine a decirte que no te pierdas los últimos post de Cristina. Aquel blog del que ya te hablé, reitero: vos, Beatriz y ella ;)
http://www.cristinaperez.info/

Rossina dijo...

¿ud. se dedicó a esmirna, y lo piensa llevar al papel? Por eso solamente le perdono que no me actualice las entradas :p

mario gomez garrido dijo...

nooo, no es por eso, es por razones mucho más habituales: frío, trabajo, lecturas desmedidas,pérdida del sentido del tiempo, etc.