miércoles, 24 de octubre de 2012

Este jueves, relato: Azul



Estaba leyendo, fue hace mucho, cuando todavía me asombraba de casi todo, por la tarde, cuando la luz cedía. Mi padre se acercó sigiloso a mi espalda, vi su puño que se interponía entre el libro y mis ojos, vi como de él se escurrió una arena muy fina, de color azul intenso, cayendo de su mano como en los relojes de arena, lentamente, hasta cubrir la página. Solo me explicó que era lapislázuli y que lo guardara. Pasé la página, seguí leyendo, acabé el libro, lo dejé en la estantería, olvidé la arena.

Transcurrió el dichoso tiempo. La memoria jugó conmigo. Cierto que no le di importancia a aquella arena azul, pero del nombre y del color me acordaba siempre. Lo volví a descubrir en un cuadro de  Roger van der Weyden, en una miniatura de un códice medieval, en un recuerdo del mar, en un zafiro que reflejó un espejo, en el tono misterioso de una nube de marzo. Un día busqué el libro, y la arena permanecía donde la abandoné. Para entonces ya sabía que con ella, mezclada con aceite, se fabricaba el azul de ultramar, un tinte que durante mucho tiempo se consideró más valioso que el oro. Sabía que lo traían de Siberia, de Bactria, de Persia, que Marco Polo dio noticias de él en sus viajes. Sabía que se utilizó para iluminar las intrincadas capitulares del libro de Kells y para las delicadas escenas de las Horas del Duc de Berry. Sabía que Durero y Leonardo da Vinci se quejaron de su alto precio y del inútil orgullo de los pintores que lo usaban. Sabía que Ceninni le concedía el reinado sobre todos los colores por su perfección y resistencia. Los demás colores se desteñían, al poco perdían sus tonos, cambiaban. El azul de ultramar permanecía siempre igual. Por fin supe que hay regalos que no valoramos en su momento y luego se hace tarde.

Alguien dijo que el azul es lo invisible haciéndose visible. Es también el color de ciertos recuerdos, cuando se tiñen de nostalgia, tal vez de tristeza. Recordé el color, recordé el libro y la mano.  Ayer fui a su casa, él estaba adormilado en el sofá, apoyado en un brazo, reclinado sobre el sueño, en su habitual duermevela. Le di las gracias, veinte años después, por aquel azul. El me dijo si estaba loco, que qué era aquello de la arena, que él nunca me había dado nada parecido. Dudé un momento, pensé si todo no hubiera sido una invención de mi memoria, le enseñé la arena, guardada ahora en un pañuelo. No la reconoció. Conjeturé sobre la posibilidad de que fuese el regalo de un fantasma, porque sin duda aquella materia no parecía de este mundo. Mi padre fue a encender un cigarrillo, metió la mano en el bolsillo, sacó una caja de fósforos, prendió uno, iluminó su cara, vi su sonrisa astuta. Supongo que se alegró de que, después de tantos años, alguien aun recordara aquel color, aquella fugaz fascinación, aquel material tan ajeno que por un segundo consiguió abatir al gris cotidiano, al permanente diluirse del tiempo que pasa y no deja huellas.

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28 comentarios:

Lois y Clark dijo...

Bienvenido a los colores.
Hoy el blanco papel se inunda de azul.

gracias por participar

saludos x 2

ibso dijo...

Precioso relato, azul profundo, como un cielo estrellado y sin Luna.
Un abrazo.

Tracy dijo...

¡Qué me gusta la palabra "lapislázuli"!
Precioso relato.

Carmen Andújar dijo...

Un excelente regalo, más importante que todos los regalos materiales que existen. La creación del azul ultramar, color vivo donde los haya, utilizado por pintores expresionistas como Matisse, y como uno de los colores principales del Neoplasticista Mondrian. Es un color fuerte, se necesita valentía para usarlo solo, sino se mezcla con otros intentando apaciguarlo un poco.
Un abrazo

Rossina dijo...

Precioso. Y feliz de que se haya sumado.
Es al primero que leo de la saga...
Mejor dicho. Apenas he llegado y comienzo mi recorrida por los de siempre. Jueves es mañana ;)
y espero encontrar el momento de que surja mi relato.
Estuve con María, por la nota para la revista, y editándola y afines más Victoria Cirlot en Argentina he andado a mil.
Sus preguntas sobre si la Literatura sirve o no, ya han sido plasmadas. Le enviaré por mail mi defensa final.
Abrazo!

Neogéminis dijo...

También me fascina tanto la palabra como el color de esa arena azul que por siglos ha sido una de las grandes quimeras d e los más geniales pintores!
Un abrazo.

Rochies dijo...

F E L I Z C U M P L E Z A Ñ O S

Natàlia Tàrraco dijo...

Y los faraones y las doncellas egípcias en sus pectorales, lapislázuli, suena a mágia y la tiene, mar ultramar. Un tesoro, una fascinación como tu relato inténsamente azul. Besito.

Natàlia Tàrraco dijo...

!Ah! me uno a las felicitaciones por tu cumpleaños, que lo disfrutes.

Cecy dijo...

Un precioso relato, que tiene el color del recuerdo aprendido, y sobre todo de la devolución que nunca es tarde.

Y para mi algunos detalles que desconocía.

¡Feliz Cumple!

Un abrazo en colores.

Fabián Madrid dijo...

Buen relato y cercano. No es normal que los hombres hablen de sus padres en los relatos, y sobre todo tan cariñosamente. Un abrazo.

Encarni dijo...

Que bonito azul de nostalgia nos has traído. También dicen que es un color espiritual, sea como fuere, te ha quedado un relato estupendo.

Un abrazo.

Beatriz dijo...

Es increible como un buen relato consigue transportarnos con la lectura a semejanzas de nuestra vida. Sin ni tan siquiera pensar en las coincidencias con el color de tus recuerdos me has llevado a la ternura de mi padre en aquel sillon de mimbre y a su cabeza inclinada sobre un almohadón azul en los entresueño de verano en los que ponía paréntesis a la rutina. Ha sido al leerte cuando he recordado el color de aquel desgastado almohadón.

Gracias por apostar por los recuerdos-
un abrazo

San dijo...

Consiguen que entremos en el texto y sintamos como los personajes,el color que has elegido a mi me sugiere paz.
Un abrazo.

Teresa Oteo dijo...

Lo primero, creo que es la primera vez que te visito y me quedo aquí contigo.
Lo segundo Feliz Cumpleaños!
Y por último, pero no menos importante: qué bonito el relato y ese azul tuyo, me ha encantado!
Un beso.

Rochies dijo...

jijiji, cambió la foto. Está rebelde way like su amiga. No se pierda al Gato. Shhhh.

Cristina Piñar dijo...

Un bello y nostálgico relato teñido de color azul. Me gusta. Un beso.

José Vte. dijo...

Un relato muy agradable y nostálgico. El color y su nombre, lapislázuli, crea una magia en el relato que consigue atrapar.

Un abrazo

Pepe dijo...

No abundaré en la belleza intrínseca de esa palabra porque ya ha quedado de manifiesto, pero has logrado hacerme sentir la intensidad y perdurabilidad de ese azul, la misma perdurabilidad e intensidad del cariño paternofilial que destacas en tu hermoso relato.
Un fuerte abrazo.

Mar dijo...

Me gusta el azuĺ, y el tono lapislázuli sobretodo.

Me quedo con parte de tu última frase:
"al permanente diluirse del tiempo que pasa y no deja huellas."

no deja huellas, ni color; quizá solo algún recuerdo.

Saludos!

Alfredo dijo...

Hola Mario, bienvenido.
Me gusta tu relato, enaltece, describe y justifica el color Azul Ultramar de forma emocionante.

Felicidades.
Abrazos.

Maria Liberona dijo...

Que bello relato me ha encantado, ya que el azul sobre todo el azul intenso es uno de los colores que me gusta mucho

Sindel dijo...

Bienvenido a los jueves Mario!!! Tu relato es hermoso, tiene ternura, recuerdos y complicidad. Me encanta esa piedra lapislázuli, cada vez que puedo me compro algo que la tenga. El azul es uno de mis colores preferidos, pero no sabía que tuviera tanta magia :)
Un abrazo.

maria jose Moreno dijo...

Bienvenido Mario y estupendo relato, para mi el color d elos recuerdos es el violeta, asi que más o menos nos movemos en la misma gama. Pecioso

Toni dijo...

No había fantasma solo (que es much) un padre poco corriente.
Me ha gustado tu relato Mario. Saludos!

Toni dijo...

jajaja, me he comido una [o] queria escribir "mucho". Aunque "much" se parece a Munch y su grito es algo fantasmagórico.

casss dijo...

Siento haber leído un relato sublime. Me ha dejado mucho en el alma.

un fuerte abrazo

Rossina dijo...

COMO LE DIJO CASS a un amigo mío de su orilla, cuando se sumó a la convocatoria de los libros marcados, o marcadores: acostúmbrese a la fama. Sus azules calaron hondo. Sus letras son muy mágicas para que permaneciesen en el casi anonimato.