miércoles, 30 de enero de 2013

Los jueves, relato: Decires


Tuvimos aun algo de tiempo, antes de que los altavoces gruñeran el número del vuelo y el destino, poco antes de la hora escrita en el billete, sin previsibles retrasos, sin revocaciones de última hora, sin regreso, sin olvidos, antes de que ella se perdiera por aquel pasillo de luces parpadeantes, antes de la despedida, allí le podría haberle dicho algo, en la sala de espera.

Le podría haber preguntado si llevaba pañuelos, si necesitaba algo, si tenía hambre, si quería un café, si no sería bueno que se pusiera la rebeca sobre los hombros, porque por la sala de espera se deslizaba una corriente de aire frío, las puertas abriéndose, la gente dispuesta, leyendo revistas, alzando la vista al reloj que para mi iba demasiado rápido, acortándose la tarde, encendiéndose las luces eléctricas, anunciando nuevos retrasos pero no el de su vuelo, y algo podría haberle dicho, si llevaba bien las señas, si se había despedido por las buenas del trabajo, si querría algún periódico, si le servía el libro que le había regalado, el libro que ella hojea ahora para no decir nada, esperando tal vez que yo la dijese algo, y claro que podría haberle dicho algo, decirle que le sentaba bien el corte de pelo, decirle que al día siguiente sería un fastidio comer solo en el parque, preguntarle si no pesaban demasiado las maletas o qué llevaba en ellas, tal vez hubiera contestado simplemente que llevaba “todo”, que acá no dejó nada, sólo las plantas que dejó a mi cuidado, esas especies de cactus que ni siquiera necesitan que se les riegue, le podría haber preguntado si al menos una vez al año no convenía echarles algo de agua, aunque fuesen unas gotas.

Le podría haber dicho que allá solo le esperaban cosas buenas, que empezar de nuevo era un acto de valentía envidiable, aunque al principio fuese difícil, ya se sabe, las añoranzas, el idioma, el frío, los días cortos. Podría haberle dicho que si la cosa iba mal, si aquello no era como esperaba, siempre habría la posibilidad de regresar, acá, claro, le podría haber hecho saber que confiaba en ella, que seguro todo iría bien, que aprendería un idioma, que vería castillos, que estaría siempre al lado del mar, que podría olvidarse de la familia, de las terceras personas, de los amigos que no lo fueron tanto, le podría haber dicho que no dejara de mandar cartas, cartas de papel o e-mails, lo que sea, que yo le contestaría enseguida, que le informaría de como sigue todo por aquí,  puntualmente de como crecen los cactus, de como se siguen adueñando las sombras de la ciudad, de como quedó por fin mi estantería de madera después de secarse el barnizado, le contaría mis paseos, mis lecturas, mis temores, le podré decir tanto, le podría haber dicho tanto...

Podría haberle mentido. Le podría haber dicho que todo estaba bien conmigo, que su marcha no me dolía, que yo seguiría con mi vida como si nada. Le podría haber mentido y decirle que tenía proyectados viajes, trabajos, tal vez acabar el libro del que tanto le había prometido. Le podría haber mentido y no decirle que llevaba una semana sin dormir, temiendo el preciso momento en que los altavoces del aeropuerto anunciarían su vuelo, como iba a ocurrir justo entonces, en la sala de espera, ya sin esperar nada, porque las tareas del colegio no se deben hacer la noche de los domingos, mientras ella seguía hojeando el libro que le había regalado, sin mirarme apenas, levantando solo la vista para volver a ver las luces del letrero, el nombre de las ciudades de destino, las posibilidades y su elección.

Podría haberle dicho lo que realmente pensaba, que con ese vestido al llegar se resfriaría, que a veces intentamos irnos lejos para huir pero es inútil, porque no se puede huir de uno mismo, porque todo puede cambiar, le podría haber dicho que era demasiado lejos, que creía que ya no la volvería a ver, que tuviera cuidado, que no confiara en nadie, que no se le ocurriera hacer esa excursión a las montañas que me dijo haría nada más aterrizar, le podría haber dicho alguna clase de tópico, podría haberle dicho que la echaría demasiado de menos y tal vez ella se hubiera conmovido por una vez, o tal vez que le estaba agradecido, le podría haber recordado los paseos, las llamadas a deshora, las bibliotecas, los conciertos, el día en que nos encontramos por casualidad al otro lado de la ciudad, el día en que ambos coincidimos en nuestra devoción por una película de Rohmer, así tal vez se lo hubiera pensado, tal vez hubiera propuesto buscar un taxi que la devolviera a casa.

Se puede hablar casi de cualquier cosa en una sala de espera. De cómo había superado su miedo a volar, de cómo puede ser la cena que le servirían en bandejas de plástico, de las elevadas tarifas, de visados y aduanas, de los cambios de moneda, de la extraña experiencia que debe ser sobrevolar Paris a diez mil metros, antes del amanecer, de si sería posible ver desde allí las luces de la torre, de si el invierno en aquella ciudad sería tan terrible como le había pronosticado sin saber, de cuánto tarda exactamente una carta en llegar a su destino. O quizás se lo podría haber dicho todo por escrito, deslizar una carta de despedida entre las hojas del libro, pero y si lo lee y el avión ya despegó, no, imposible, tal vez debía haber ensayado antes, memorizado las palabras, el tono de voz, ni muy lastimero, ni triste, pero tampoco demasiado confiado, por qué no recitarle una despedida perfecta o aquel estúpido poema que le escribí hace dos años.

Dijeron el número de vuelo, el nombre de la ciudad. Ella guardó el libro en una bolsa, me sonrió y comenzó a andar hacia el pasillo lentamente, tan lentamente que cualquiera hubiera pensado que no quería irse, que tenía algo que decirme, que alguna cosa se le olvidaba, que esperaba de mi al menos una miserable palabra que justificara que le hubiese acompañado hasta el aeropuerto...tan solo le dije adiós, con la mano, en silencio.

20 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Por todo lo que no dijo, por todo lo que se calla, ella vuela, escapa.
Un regusto amargo este relato escrito para leerse al vuelo, sencillamente intenso. Besito.

Beatriz dijo...

Esta vez nos acercamos en la manera de plantear un texto que se sostiene en el supuesto, " en lo que podría pasar si...".

Eso tiene el amor que a veces nos deja el interrogantes de lo que hubiera podido ser tanta felicidad
"imprevistamente truncada"y con la duda de que aún podríamos haberle puesto puntos suspensivos a la esperanza .

Hermoso y conmovedor este adiós entrecomillado

Un abrazo. Esperaba tus palabras.

G a b y* dijo...

Qué pena! Era una espera mutua de encontrarse con las palabras de uno y otro, confesiones que hubieran cambiado las cosas... o no?
Pienso que esa impotencia de "decir" viene a demostrar algo. Tal vez fuera mejor así, aunque no deja de darme pena la imagen de ambos distanciándose.
Besos! Y todo un placer leerte.
Gaby*

Tracy dijo...

El condicional es mal tejedor de historias de amor: SI lo hubiese sabido...

Fabián Madrid dijo...

Una historia triste, sin duda.Felicidades.

juliano el apostata dijo...

el condicional es eso..si esto, si lo otro...el condicional nos habla de posibilidades, pero también de aquellas cosas que no se hacen, es decir, nos informa de deseos y no de hechos. y es por eso que nos informa a su manera de cómo somos, de cómo suceden los acontecimientos...y es esta la táctica empleada por ti.
muy buena, por cierto.
medio beso.

Alfredo Cot dijo...

Escritas en el pensamiento, ni siquiera se las llevó el viento. Ahí quedaron yermas, inútiles para siempre. Pero los relatos y las historias que cuentan son de goma, seguro que hay de nuevo otra oportunidad.

Bienvenido Mario.

Sindel dijo...

Qué pena que haya dejado todo en manos del "podría" y no se jugara a decir todo eso que tenía ganas, quizás hubiese cambiado su destino, pero a veces pasan estas cosas.
Muy buen relato, un abrazo.

San dijo...

Muy buen relato, muy bien utilizar las palabras en este hablar escribiendo.
No me gusta la palabra "podría", cuando uno la utiliza luego queda un regusto amargo. Mejor puedo.
Un abrazo.

Rochies dijo...


no podemos permitirnos esos condicionales, cuando el tiempo que SÍ existe, a veces no anuncia que se trata de la vez última y todo este escrito hoy maravilloso ella no lo está leyendo, y sí nosotros.
un abrazo

Rochies dijo...

me hizo acordar a un cuento de Borges que menciona el acqueronte.

Juan Carlos dijo...

Me gusta, especialmente ese último párrafo, ella marchando lentamente, él pensando que no quería irse.
Saludos.

Rochies dijo...

Gracias de nuevo.
El correo argentino funciona mejor que el español.
No se preocupe por ello, y siga narrando que tan bien lo hace.
Ayer Malba. Me di un descanso de lo clásico.

mario gomez garrido dijo...

Estoy convencido que el correo argentino funciona mejor que el español, pero igual esta vez la culpa es mia: el envío se lo hice el pasado viernes, tras muchas tristes visicitudes para poder ir a una oficina de correos totalmente injustificables. Espero lo reciba pronto. Es un sobre pequeño, con el dibujo de un oso.

Rochies dijo...

el correo argentino es herencia del español, y cuando Los jueves, relato salió publicado, con tres de mis relatos, perdióse two times.

Rossina dijo...

el correo español, cumplió su cometido. Le agradezco inmensamente los presentes. Llegaron en un día donde la fuerza decae, y uno puede comprobar cuánto se genera a través de este medio de comunicación. Y se lo discuto a quien sea. Nos hemos leído tanto todos, que hasta nos conocemos más que con los que cara a cara y a metros de nuestros habitat compartimos un café.

mario gomez garrido dijo...

¡que alivio! ya estaba pensando en volvérselo a mandar. No te discuto, es como si estuvieras acá o yo allá, ni más ni menos. Espero que te gusten, ya me contarás.

Rossina dijo...

por ahora soy prisionera de saussure, benveniste, homero y virgilio, cuándo llegará el tiempo de las lecturas elegidas.
no obstante ello estoy haciendo un curso en Malba, Contarla para vivir. Cuénteme de Homero, dele.
hay un pase donde Circe le indica dos pasadizos con su navío y le dice más vale seis muertos que todos, y no le dice cuál elegir. Ahí estoy un poco detenida. Por el reto podríamos discutir ate o cafe de por medio. Le parece?

Rossina dijo...

resto, mate.

mario gomez garrido dijo...

Ya le dije en su laberinto, lo siento, espero que no lo tenga en cuenta, igual lo discutimos, mate me parece mejor, por supuesto.