martes, 5 de febrero de 2013

Virgilio y su Eneida


“Dormías. Te despierto.
La gran mañana depara la ilusión de un principio.
Te habías olvidado de Virgilio. Ahí están los hexámetros.”

Borges. La cifra.

...y como te iba diciendo, no me resulta sencillo hablarte de Virgilio, ni de la Eneida, porque yo suelo acercarme a la literatura un poco a tientas, sin ningún sistema, aprecio como pocos a los profesores de literatura, pero yo no soy uno de ellos, incapaz de desmenuzar las frases, los capítulos, los versos, de ver en lo que para mi son simples felicidades algún tipo de método, de estructura o gramática, de enumerar las comparaciones de los textos que me surgen por casualidad, azares incompatibles con cualquier análisis serio de una obra que merece mejores comentadores. Si te diré que los hexámetros de Virgilio, o al menos los remedos traducidos a los que tengo acceso, me producen una emoción difícil de definir. Desconozco por qué le gustaba tanto a Borges, por qué concedió al romano ese honor de ser su poeta favorito. Yo sólo se que sus líneas me provén de imágenes hermosas, que el azaroso viaje del derrotado Eneas tiene unas extrañas analogías con mi vida, o más bien con el extraño bagaje de metáforas con las que yo deletreo mi vida, algo que, se comprende fácilmente, nadie entiende.

Ante todo, leer a Virgilio es, parafraseando el verso de Borges, el acceso a la “ilusión de un principio”. Es viajar a cuando los héroes cantaron los principios de las cosas, que diría Marsilio Ficino. Me refiero con el “principio” al arché griego, al principio de la Historia con mayúsculas, al inicio de donde nacen todas las historias. Es ese lenguaje que comparte la Eneida con la Odisea, con la Iliada, con las Tragedias de Esquilo, con el Pentateuco, con las sagas norsas. No es extraño que en la Edad Media se considerase a Virgilio un precursor del cristianismo, a veces sus versos parecen estar sacados directamente del Génesis. Aquí es Apolo haciendo un pronóstico, pero parece Abraham al que anuncian que “nosotros levantaremos hasta las estrellas a tus futuros descendientes...” Se trata de un lenguaje primario, donde las palabras son secas y profundas, como surgidas por primera vez del habla asombrada de poetas primerizos. Los nombres siempre suelen ir acompañados de adjetivos que son atributos, comprender esto es fundamental para no desdeñar estas obras. Hablar de huecas naves, de sagrados pinos, de mares hinchados, parece innecesario, un abuso. Entender que el adjetivo va unido con el nombre como en un lazo metafísico y fundamental, justificado por la concepción musical del verso, depara por fin muchas ventajas a la hora de apreciar el libro. Aunque las traducciones a veces lo fastidien. Mi traducción de la Eneida habla del “penachudo Aquiles” Aquiles no se puede definir por el penacho de su casco, Aquiles no puede convertirse en un modelo de peluquería. Pero por lo demás, estos adjetivos que en realidad son dobles nombres tienen su lugar en la historia literaria, en esos libros primordiales, aunque no se puede imitar el estilo en la actualidad. Sería redundante o idiota por nuestra parte. Afortunadamente, esta incapacidad de la modernidad para hacer revivir las formas literarias antiguas se desdice a cada momento. Lo antiguo permanece, revive, surge de nuevo sin que los diletantes spencerianos de turno puedan evitarlo. La Eneida esta viva, y sus azares, sus errores o sus felicidades, aún nos pertenecen.

Hay partes inolvidables. Eneas llega a Cartago, y allá contempla, esculpida en frisos, su propia historia, la derrota de la ciudad de Troya y su destierro. Como en el Quijote, dentro de la historia está la misma historia, en un juego de espejos atroz que no puede acabar sino en el infinito. Eneas, en silencio y como asustado, contempla su propia figura esculpida. Se mira en un espejo. La literatura es un espejo, donde nuestras historias se revelan con nuevos sentidos, tan solo diferentes por los atrezzos añadidos. Y qué decir del tema del azar y del destino, de la decisión de Virgilio de hacer devenir el origen de Roma de un pueblo derrotado y misterioso, de cómo se le va revelando a Eneas este destino decidido por los dioses y que sin embargo le lleva a dar tumbos por todo el Mediterráneo como si fuera un mero vagabundo. El destino también puede ser azaroso, devenir en algo incomprensible donde el coraje y la decisión tienen un valor relativo. Y están el mar y las tormentas, como imágenes oscuras de lo que escapa al poder del héroe, de lo que no puede ser dirigido, siempre con el fracaso al acecho. En realidad, toda la Eneida es un canto al fracaso. Es el origen de Roma, pero también una oda a la melancolía como las que dibujaba Keats. La caída de Troya, narrada al principio, permanece soterrada bajo toda la historia, como intentando decirnos que perder es el sino de todos los seres humanos. Las imágenes tristes de los dioses vencidos son rodeadas por una niebla tácita que invita a ser humildes, a no confiarnos en ilusiones y grandezas. “Los troyanos fuimos..” un pretérito silencioso que parece indicar más que una mera añoranza.

Y si hablamos de tormentas, de azar y destino, de confusión y pasión, habrá que hablar de Dido, la reina de Cartago. Su figura necesita de la imaginación. En realidad Virgilio no da demasiados detalles sobre la hermosura de Dido. Hace falta tener en la memoria una reserva de imágenes exóticas abundantes, para concebir a esta reina fenicia que se enamoró tan perdidamente de Eneas que acabó matándose. Este tipo de tragedias ya no se comprenden, pertenecen al acerbo melancólico de las cosas arcaicas, conmoverse con tal pasión, he de reconocerlo, hoy no está al alcance de cualquiera. Pero a mi me pasa, no se por qué. Y sin embargo ahí está, como diciéndonos que existen emociones puras, que hubo un tiempo en que las pasiones rondaban por la historia con carta de ciudadanía y que el amor y la muerte, Venus y Marte, para la literatura, siempre andarán irremediablemente juntos, convirtiendo a los personajes en ideales juguetes de la fortuna.

La Eneida es también un catálogo de maravillas, y un bestiario magnífico. Cíclopes y arpías son descritas con una magia extraña. Para los que nos deleitamos con extrañezas y prodigios, esto es una gozada. Siento una cierta predilección por las arpías. Tal y como las describe Virgilio, es fácil alcanzar a oler su fétido perfume. Virgilio aprovecha cualquier excusa para estimular los sentidos, como esos “altares enlutados con azules ínfulas y negro ciprés”, con esa combinación tan hermosa del azul y el negro que podemos ver, pero también oler. Francamente, son sinestesias inolvidables. Yo me suelo recrear en todos los pasajes donde predomina la oscuridad: el mar es oscuro, el futuro es negro, el pasado está cubierto de niebla. Este tono le da un ropaje al libro de una elegancia indudable: “Horribles tinieblas cubrieron las olas..negros nubarrones envuelven el día y una lluviosa oscuridad nos roba el cielo” Imposible no estremecerse ante tal escenario.

Me estoy pasando. No quería molestarte demasiado. En fin, que te voy a decir que tu no sepas, que se puede añadir a los infinitos comentarios que una obra de más de dos mil años ha ido cosechando por el camino. Entiendo que no te guste. Acepto que no te guste. Al gusto no hay que forzarlo, el campo es demasiado extenso como para detenerse en flores que no nos dicen nada. Así que prefiero no decirte de momento nada sobre Virgilio ni sobre la Eneida, quizás en otro momento, porque además iba a preguntarte, ¿qué te parece Ovidio?....

7 comentarios:

Roch dijo...

su esfuerzo, amigo o su mera disposición. me han emocionado.
un fin de año complicado y la ausencia de descanso hacen como ud. bien dice al inicio, no apreciarla desde la pasión y la elección.
mis gracias son infinitas.

Roch dijo...

la fecha era el 19, pero es un imposible, estoy con odiseo el 25 y otros temas.
¿qué problema tuvo con mi casa amarilla? ese amigo disparado del la juntada de este jueves está en Roma, hace diez u 11 años.
la reunión será en lo de cecie, yo me adelanté y como siempre no respeté foto.

Rossina dijo...

Ovidio el que no le rendía pleitesía al gran Augusto? no puedo esgrimir nada sobre él. Sé tan poco.
Me quedé con Homero por ahora y su anagnorisis y la re re leída y pasé para más adelante, Virgilio.
Póngase a escribir. Este escrito maravilloso me lo imprimí.
Hoy la consigna era in fraganti, yo logré darle un tinte no tan gracioso, como pretendía el conductor. De hecho, no linkee la foto.
Eso en la casa amarilla.

mario gomez garrido dijo...

Sí, Virgilio rendía pleitesía a Augusto, al que se le solía considerar un dios o algo así, lo cual es dificilmente perdonable, y la Eneida se podría resumir diciendo que es una mera adulación al ego imperialista romano, pero a pesar de esto me sigue gustando, yo me fijo en otras cosas, las saco de contexto, me fabrico mis propias imagenes, me creo que Eneas sufre aquellas aventuras y de Homero...siempre me emocionó cuando el perro reconoce a Ulises, que bueno Argos. Me extraña que no linkeara la foto, tan sutil...yo es que no veo forma de ponerme a escribir, y además me veo cansado siempre, como un anciano decadente(¿será porqué me levanto a las 5:55 a.m. todos los días?). Recién abrieron, al lado del trabajo, una tienda de libros viejos y baratos, y se me va la vida leyendo. Encontré una edición viejita de La tregua de Benedetti y algunos de Manuel Puig. Ojala pudiera venir a echar un vistazo...

mario gomez garrido dijo...

Ah...no, me dijo de Ovidio, no de Virgilio: no se, igual los confundo, Ovidio si se que le exiliaron injustamente al Mar Negro, allá por Rumanía (que entonces era mandarlo lejos ) y gracias a ello escribió unas Tristezas muy lindas. No hagas mucho caso de lo que te cuento, que seguro te suspenden el curso.

Rochies dijo...

no no no me suspenderían. Siga diciendo. El lunes deberé decir yo sobre Homero, me dice algo? aparte de Argos que muere al verlo llegar y reconocerlo entre los primeros.

Rossina dijo...

no llegó tarde, y mi nota fue la máxima, ahora sí la meta es Virgilio, pero sin exigencia extrema, puede ser ahora o en julio. Si es ahora, es el 11 de marzo, veré si puedo abordar una nueva odisea, en estos no pocos días.
aguardan también Saussure y Benveniste el 5.