sábado, 10 de agosto de 2013

Asuntos pendientes



Me quedan algunas cosas pendientes por hacer. Son como imágenes en recuerdos de cosas que nunca miré. Pero con una insistencia temible retornan, imperativas, como exigiendo una lealtad. Tener que hacer esto y lo otro, emprender determinados negocios que supuestamente son necesarios para eso tan poco sutil que se llama ganarse la vida, se entiende fácil. Tienes que laburar, tienes que sacarte la carrera, tienes que lavar las ventanas porque ya no se ve la calle, tienes que comprarte unas botas nuevas porque ya hace dos semanas que notaste cuando llueve que el agua entra por la suela rota. Siempre hay cosas que hacer, tareas que cualquiera haría sin pensar, y que a mi me cuestan demasiado, pero no me refería a estas tareas tediosas y previsibles. Yo tengo pendiente por hacer cosas que tienen más que ver con los sueños y que no están en absoluto justificadas por ninguna necesidad razonable. Normalmente cuando emprendemos cualquier faena lo hacemos pensando en recompensas. Si trabajas te dan dinero, si acabas la carrera, la gente te respetará algo, si lavas las ventanas sabrás si llueve o no llueve y así te acordarás comprar o no las dichosas botas. Pero mis cosas pendientes no llevan consigo ninguna retribución, son un fin en si mismas, son como objetivos finales que elevándose un poco por encima de los cotidianos fastidios, prometen tan solo una satisfacción mediocre. Y sin embargo tengo que hacerlas.

Decidí hacer algunas de estas cosas hace bastante tiempo. Escribí una especie de lista, como se suele hacer en estos casos. Estas ideas no se imponen de un día para otro. Al principio las imágenes están difusas, se van concretando poco a poco hasta saber lo que tengo que hacer exactamente, la forma y el lugar adecuados, la predisposición que debería tener en ese momento. Para llevarlas a cabo se requieren años de preparación, de hacerse a la idea, de meticulosos preparativos. Otras veces las cosas que me propongo son tan absurdas que es mejor no pensar en ello. Por ejemplo, ya desde niño pensé en la posibilidad de caminar por unas vías de tren, un día de viento. Así, tal cual. Al principio no sería más que una travesura, con los años, cuando ya no se le permiten a uno tener travesuras, es tan solo ese andar por la vías un acto simbólico, alguna forma de provocar al peligro, al azar, cosa que desde luego no acostumbro. El viento es necesario porque me es imprescindible imaginar el sonido que provocaría en la catenaria para acompañar al silencio, a las pisadas, al aproximarse del tren. Evidentemente se trata de una travesura literaria. Una emoción impuesta por los libros y las películas. Casi todas mis tareas pendientes tienen que ver con la literatura.

Otra cosa que tengo pendiente es coger un libro, preferiblemente uno de poemas, subirme a un poste, en mitad de un desierto y leerlo a gritos, aunque sin nadie que me oiga. La voz requiere de estos sobresaltos, de vez en cuando. Tal vez otro día me decida a cumplir otro de mis sueños: tirarme rodando por un terraplén, un terraplén mullido de hierba, recorrido a base de vueltas de campana, con los ojos cerrados, confiando en un aterrizaje suave, o tal vez parando en un charco ese dar vueltas sobre uno mismo que viene a ser metáfora de tantas vidas. Más fácil será comprarme un sombrero, un sombrero enorme. Creo que ya no se usan sombreros. Quiero comer tarta de queso con arándanos. No un trozo. Una tarta entera. También está entre mis objetivos, a medio plazo, subirme a un árbol. Esto tiene mérito, porque no soy ágil y padezco de vértigo. Si no fuera así no tendría sentido proponerse hacer esto. Siempre quise ser un koala. Pendiente también está mi viaje a Swazilandia, que llevaré a cabo un día u otro de estos. ¿Por qué Swazilandia? Vaya pregunta, por qué va a ser ¡por el nombre! y porque debe ser un país extraño, que duda cabe. Quiero aprender a tocar el violín. No tengo ni idea de música. Pero no tienes más que ver la cara del violinista cuando toca su instrumento. Debe ser bastante agradable, no se. Algunas cosas son bastante sencillas, cosas que la gente hace habitualmente sin darle mayor importancia, pero que para mi son extrañas, difíciles de conseguir como para un alpinista subir siete picos himalayos. Meter la cabeza debajo del agua, por ejemplo. El miedo irracional tiene sus motivaciones, hay que respetarlas, aunque no dejarse atenazar por él. El miedo es el mayor enemigo de las cosas pendientes. Yo todavía no me puse a coleccionar rayos de tormenta, no emprendí una granja de avestruces, no me levanté de la cama en mitad de la noche en invierno, no di de comer a un tigre de la mano, tan solo porque, he de reconocerlo, todas estas menudencias que tanto deseo hacer me dan un poco de miedo. Dejar de ser cobarde es otra de mis cosas pendientes. Lo que más miedo me da es escribir, estoy esperando a escribir un montón de cosas, pero me da miedo hacer el ridículo y dejo la página habitualmente en blanco.

Está pendiente colocar mi biblioteca. Es una tarea que requerirá de todas mis fuerzas y concentración. Desconozco que orden imponer a mis libros, son muchos, viejos, variados, ¿como los ordenaré? Cada uno de mis libros es un mundo. Acumulan además cada cual un pedazo de memoria inclasificable, de los lugares de donde lo saqué o los leí, de las personas que me los recomendaron o de las variadas aflicciones que padecí mientras repasaba sus páginas. De momento ahí siguen en montones, acumulando polvo. El problema es que dispongo de un tiempo limitado: si me dedicara a colocarlos, no tendría tiempo para leerlos, o una cosa u otra. Y ahí está Haedo hablando de puertas que no volveré a atravesar, de espejos que me reflejan por última vez, de libros que nunca leeré en mi biblioteca. Me resulta extraño pensar que hay miles de libros que nunca leeré. Uno crece con la extraña sensación de que vivirá eternamente, de que la cantidad de libros infinitos que le rodean a uno no son más que la confirmación de que el tiempo no existe. Pero no es así, quizás solo podamos abarcar unos pocos miles, alguno leído mientras se nos cae la cabeza de sueño, alguno tan malo que te arrepientes de abrirlo después de trescientas páginas. No, no puedo decir que tengo pendiente leer todos los libros que existen, porque creo son demasiados. A no ser que el Paraíso tenga, como creía Borges, la forma asombrosa de una biblioteca.

El tiempo es el problema. Tantas cosas pendientes, y los años pasan, y uno va dándose cuenta de que algunas de esas cosas no las haré jamás. Muchas se olvidarán, caprichos pasajeros, meros intentos de ser efímeramente dichoso. Otras se convierten en obcecadas frustraciones, hechos que de no ejecutarlos se convertirán en una especie  de deserción, como si tuvieran razón aquellos que proponen un destino para cada persona, un limitado libro de ruta que define lo que nos es propio si queremos alcanzar la tan aireada y a veces siniestra felicidad. El lado positivo de enfrentar esta situación es que, mientras va pasando el tiempo sin hacer las cosas que tenemos pendientes, vas haciendo otras, así un poco sin querer, sin pensar, sin esperar, que también merecen la pena. Uno se para a veces y se deja de mirar tanto a un futuro incierto y se acuerda de que hizo esto y lo otro, y que estuvo bien, y que a mano, ahora mismo, puede hacer cosas que requieren de pocos medios, eso tan despreciado por los soñadores que es la cotidianidad tranquila de los aburguesados y realistas, pero también de los sabios y prudentes que saben que uno, por mucho que lo intente, no puede lograr todo lo que se propone. Hay que soñar, pero mientras hay que ir viviendo.


2 comentarios:

Tracy dijo...

Tener cosas pendientes es lo que te hace seguir viviendo, cuando falten esas cosas... ¡malo!.
Yo también tengo que ordenar mi biblioteca, al final... todos somos iguales.

José María Souza Costa dijo...

Invitación - E
Soy brasileño.
Pasei acá leendo , y visitando su blog.
También tengo un, sólo que mucho más simple.
Estoy invitando a visitarme, y si es posible seguir juntos por ellos y con ellos. Siempre me gustó escribir, exponer y compartir mis ideas con las personas, independientemente de su clase Social, Creed Religiosa, Orientación Sexual, o la Etnicidad.
A mí, lo que es nuestro interés el intercambio de ideas, y, pensamientos.
Estoy ahí en mi Simpleton espacio, esperando.
Y yo ya estoy siguiendo tu blog.
Fortaleza, la Paz, Amistad y felicidad
para ti, un abrazo desde Brasil.
www.josemariacosta.com