lunes, 5 de agosto de 2013

Todavía no



-Hola
-Hola
-¿Qué haces?
-Nada
-Te llame toda la mañana, pensé que estabas en casa.
-Salí a dar una vuelta.
-¿Tu dónde andas?
-En la calle.
-¿Para qué me llamabas?
-Por nada, para ver cómo estabas.
-Ah...
-¿Cómo estás?
-Bien
-...
-...
-¿Qué haces?
-Nada, mirar por la ventana.
-Eso ya es algo.
-Si.
-¿Estas sola?
-Si, él salió a por la cena.
-Seguís teniendo la nevera vacía los lunes.
-....
-Así que mirando por la ventana...
-Si, es que me estaba fijando en la vereda ¿te acuerdas? Es una vereda extraña, de losas rojas, se interna en el parque rodeada por árboles tan tupidos que aquello se convierte en un túnel, tan oscuro, y ves la gente aparecer de repente en la calle saliendo de entre los árboles y con la cara asustada que parece vienen directos del mismísimo infierno y el caso en que no hay más remedio que tomar por esa vereda si quieres bajar al centro, a mi casi me da ya miedo, han roto las farolas y por la noche es imposible y están ahí los árboles como separándonos de todo, como si estuviéramos aislados, como si este fuera otro mundo, ¿me entiendes? Es un muro impenetrable, no te lo puedes imaginar, es como estar encerrados.
-Ya
-A veces añoro los espacios abiertos, ¿te acuerdas de cuando anduvimos por el campo?, tu te quejabas que aquello era un desierto, que la vista se perdía, que el cielo apenas se distinguía de la tierra amarilla, echabas de menos alguna sombra, alguna colina que cortase el vacío...
-         Podríamos vernos
-....
-Aunque solo sea para charlar un rato, ya no me acuerdo de como era tu cara.
-Sigue siendo la misma. Aquel perro me está mirando.
-¿Cómo?
-Hay un perro en la acera de enfrente y lleva un buen rato mirándome. Seguro que se está preguntando con quien estoy hablando.
-Odio los perros.
-Hoy tienes la voz extraña.
-No me contestaste.
-Él vuelve.
-Salió de entre los árboles.
-Sí.
-No se qué haces con él.
-Te lo dije mil veces. Se cuidar de mi misma. No se cuando te va entrar esto en tu puta cabeza.
-Te juro que le voy a matar...
-Los vecinos de enfrente han atado al perro en la farola y se han olvidado de él. Debe llevar por lo menos tres horas ladrando.
-Tienes que salir de ahí.
-Él sube ya por la escalera.
-Iremos a alguna parte.
-¿Oíste las noticias? Anoche atraparon a un tipo que intentaba robar en una fábrica a dos kilómetros de aquí. Se quedó atrapado en la chimenea de una cocina cuando intentaba huir, y los trabajadores lo encontraron por la mañana dando gritos y pidiendo ayuda como un niño. Cuando se lo llevó la policía tenías que verle la cara. Los locutores de las noticias se reían a carcajadas, debe ser triste que te salgan mal las cosas y encima hacer el ridículo de esa forma.
-¿Ya está ahí?
-Te tengo que dejar.
-¿Sigues mirando por la ventana?
-Sí
-¿Ves la vereda que va al centro?
- Sí
-¿Me ves ahora?

4 comentarios:

Tracy dijo...

MUy interesante.

Rochies dijo...

Muy bueno.
Gracias por los enlaces, espero ahora funcionen como siempre.

Beatriz dijo...

un hermoso texto ! qué bien manejas los diálogos¡tan difíciles de construirlos sin que decaiga la estructura del relato.
Aunque mi alejamiento era evidente espero que me hayas sentido cerca de tus palabras. Imposible dejar de leerte.
¿ me ves ahora?-

un abrazo amigo

ah..., un placer disfrutar del post en el que recuerdas a Harolo Conti.
Tuve la suerte, siendo yo muy joven de compartir palabra, asados y amenos momentos con un gran hombre, un magnífico pensador y un excelente escritor.
gracias por recordarlo.


Mario gomez garrido dijo...

Gracias Beatriz, A Conti no se le olvida, que emoción pensar que usted pudo conocerlo. Su escritura me acompaña a menudo. Qué bueno leer de nuevo cosas suyas!