sábado, 7 de septiembre de 2013

Pretensiones



Es verdad que Tolstoy dedicó mucho tiempo a sus novelas.
Que gastó papel a mansalva.
Que dilapidó palabras sin límite.
Hizo bonitas novelas de mil páginas, habló de sitios con nieve, con gente que creía perpetuar sentimientos que hoy ya no se entienden, convino en que la vida era un tejido al que los acontecimientos, pasiones, accidentes, estaciones de trenes, invasiones napoleónicas y familiares y otras tragedias exteriores vienen a conceder un tinte esencialmente rojo, o blanco, a veces inevitablemente, negro.
Para todo eso dedicó Tolstoy el papel, las palabras, la tinta, su imaginación novelera y prolija.

Pero yo es que no puedo.

Se me agota el tema enseguida.
Se me muere entre las manos.
Tampoco soy poeta, un verso me parece también demasiado.
No tengo fuerzas.
Hasta Salomón escribió cinco mil versos y no se sabe cuantos proverbios, con el poco tiempo que le dejaba el reinado de Israel y Judá, las guerras, los insumisos, las traiciones, las extranjeras insolentes, la construcción de templos y todas esas cosas.
Pero yo es que no puedo.
Me entra sueño.
Y no se componer un cuento.
En realidad escribo por escribir. Y evidentemente no soy Tolstoy.
Ni siquiera soy ruso.

Pero, a pesar de todo, me gustaría escribir una larga novela. 
Una cosa es que no puedas y otra que no quieras.
Quiero componer una de esas que tardan meses en digerirse.
De esas que alcanzan por lo menos las dos mil páginas.
Dibujar personajes complejos con largas vidas, escribir historias larguísimas de sagas familiares, recrearme en aventuras sin fin, en amores que duran hasta la ancianidad, en poder deleitarme con digresiones fatuas y alguna conversación insustancial si hace falta. Me gustaría escribir como el viejo Tolstoy...pero no soy más que un mero redactor de esquelas.

5 comentarios:

Tracy dijo...

A mí me gusta como escribes y me imagino que como yo, también le gustará a más gente, así es que... no veo por qué estar deseoso de ser como Tolstoy. Las comparaciones no sirven para nada.

Mario gomez garrido dijo...

yaaaa..pero es que un día me levanté pensando esto, ya se me pasó, hay días que te levantas con el pie izquierdo y otros queriendo ser como Tolstoy o como cualquier otro. Ese día lo único que hice fue dejarme barba.

Rossina dijo...

la falta de inspiración nos hace sentir ser meros redactores de esquelas. Pero por lo que a vos respecta no creo que se así. Te releeré. No supe distinguir desde el principio hasta donde hablabas de Tolstoy y cuando empezabas a hablar de vos.
Te entiendo el sentimiento, yo también quisiera pero como estarás viendo, si surgen surgen cosas cortas.

Rossina dijo...

Se me agota el tema enseguida.
Se me muere entre las manos.

Este es el sentimiento que más rescato.

Mario gomez garrido dijo...

Esto(y mucho de lo que escribo últimamente) lo hago más que nada en tono de broma, porque ya no me sale de otro modo. Pero si es verdad que el tamaño del texto, que en principio debiera ser algo absolutamente aleatorio, cifra del azar y de la necesidad de lo que intentas contar, para mi es un problema y siempre quise llenar la casa de papeles escritos por mi, aunque no fueran más que borradores o líneas sin sentido, manía que más que a una patología lo atribuyo a un patético intento de disuadir al silencio.