sábado, 16 de noviembre de 2013

La inesperada derrota de las neuronas



A la de tres: una dos y tres, nada, no hay manera, levántate que es tarde que si no te levantas de un salto luego te vuelves a quedar dormido, ves, ya está, no era tan difícil y hoy es jueves y tuve un buen sueño, eso es lo peor, lo peor del mundo es tener un buen sueño y despertarte, un sueño de última hora, un sueño que necesitaba más tiempo, ¿de qué iba este sueño? Levántate. Nunca se donde dejo las zapatillas. Se me va media vida buscando cosas. Puto despertador. Hoy tengo algo que hacer y no me acuerdo. No me acuerdo tampoco del sueño, pero era algo bueno, no se quien dijo que acordarse de los sueños recién levantado no es bueno, claro que no es bueno, ni levantarse es bueno, ni ir a ese jodido trabajo que me la suda tanto, pero hay que ir y calentar el café, mejor lo tomo frío, sí, mejor, ya no hay tiempo, el sueño, no me acuerdo que soñé, había alguien, estaba ella pero qué más, porque levantarse sintiendo que mejor no hacerlo es una grandísima putada, hoy tengo que hacer algo. En el curro no, en el curro no es, tengo que ir al centro, a correos, a sí, para mandar una carta. Me daré una vuelta, no hagas más planes, seguiré leyendo, mañana es el cumpleaños de María, seguro que también se me olvida, normal, millones de neuronas jodiendose a cada segundo que pasa, y las neuronas no se reemplazan por otras, tengo que comprar leche, la leche tampoco se reemplaza sola, ya son dos cosas comprar leche y echar una carta, la carta es importante, luego a la vuelta ya estará cerrado el super, mierda, tengo que sacar pasta, estoy sin un duro siempre, hacer planes pero antes ducharse, el café frío es una mierda y ese maldito sueño, estaba ella pero no me acuerdo de más, solo que estaba con ella en algún lado, no se cómo lo hace la gente para acordarse de sus sueños, alguno lo apunta con todo género de detalle, es imposible, si es una nube todo, no se entiende nada, una niebla, hoy va a llover, dónde dejé el paraguas, no me acuerdo, lo dejé secar en la terraza y llovió toda la noche, no hay manera de secar nada en esta puta casa, tengo que acordarme, no es normal, no quiero ir a trabajar, prefiero quedarme en esta puta casa buscando el paraguas, escribiendo la carta que tengo que mandar esta tarde, intentado saber que diablos pasaba en ese sueño donde estaba yo y ella y el olvido se resiste, se agarra con las uñas a un poste y no se deja mover, mejor aprender a olvidar los sueños, hay que separar los sueños de la realidad, sino estás jodido, pero hoy no hoy no quiero ir a trabajar, ni a por leche ni echar esa maldita carta que nadie espera, hoy solo quiero acordarme del sueño, estaba ella y yo y estábamos en silencio, era un maldito sueño mudo y en blanco y negro, cómo son las palabras en los sueños, ¿acaso los sueños son algo más que imágenes? Imágenes sin historia, imágenes sueltas, puzzles, tengo que comprar leche hoy, mañana tampoco me va a apetecer. Estábamos ella, yo y unas vendas blancas. Sí, eso es. Me estaba vendando una mano. Daba vueltas y vueltas a la mano con las vendas deshilachadas, el botiquín está vacío, ya que compro leche también compro aspirinas, está todo caducado en esta jodida casa, y ella daba vueltas y yo le decía para y la venda seguía dando vueltas y aun siento el dolor en la mano, como si me apretara, como llueva no se seca la ropa tendida, lleva ahí fuera ocho días, así es imposible y la venda estaba húmeda pero no había sangre y ahora voy a interpretar el sueño, como un jodido psicoanalista, si la muerte continua de neuronas lo permite primero, antes de interpretar nada tienes que acordarte, montar una historia, me estaba vendando por algo, no había sangre, solo vendas y sus manos y de ella que hace un año que no se nada, ella que ya no me acuerdo casi como se llama, ¿de María también me olvidaré el nombre? , menos mal que guardé esa foto, esa foto que se cayó ayer del libro y por eso quizás soñé con ella, el libro cuajado de palabras, no se que hacía esa foto en ese libro, por qué no me acuerdo por qué lo dejé allí por qué no quemé esa última foto que conservo de ella y que viene ahora a provocar sueños de los que no me acuerdo. Tengo que comprar leche. Y mandar una carta. ¿A quién tengo que mandar la carta? Las pérdidas de memoria son un síntoma más de la cuesta abajo, de que ya no tengo edad para estas cosas, de que ya me debía haber jubilado hace tiempo, seguro que no puedo subir las escaleras con la caja de leche a cuestas. El otro día me cedieron el asiento en el metro. Estoy hasta los huevos de ir a trabajar. ¿Cuántas neuronas se me habrán muerto en todo este tiempo? Demasiadas. Pero me acuerdo cómo la foto cayó del libro tan lenta, como sostenida por una corriente de aire, hasta quedar muerta en el suelo y luego soñé con ella, lo debía haber previsto, soñar y ese libro, quién me mandaría abrirlo y leer que en la ciudad de Ulm, según la tradición, se conserva desde el siglo XVII el zapato de Ahasvero, el judío errante, tengo que comprarme zapatos nuevos, los míos están gastados pero no tanto como los de Ahasvero, seguro, pero hoy no, mañana tal vez, cuantas neuronas se le debieron morir al judío errante, hay números ilimitados, muchas, el judío errante si que necesitaba olvidar, imagínate, si se acordara de todo, a lo largo de los siglos se pueden conocer a muchas como a ella, menos mal para él la inesperada derrota de las neuronas, pero yo no soy capaz de olvidarla y yo no soy capaz de recordar el sueño, no me gusta el café frío y menos sin leche, tengo que comprar leche, el café frío y sin leche es una mierda, así no puedo seguir y hoy sigue lloviendo seguro, y el paraguas no aparece y tengo que apagar las luces, desenchufar todo, cerrar el gas, coger las tarjetas, las llaves no se donde dejé las llaves, y ella en el sueño estaba como siempre, como tras regresar de las vacaciones hace diez años, con el sonido de las olas permaneciendo en los oídos hasta que se tiró al sofá y dijo que prepararía un café con leche, que hacía frío, llegamos y ya no había mar ni sol y ella no sonreía, solo pedía un café caliente porque era septiembre y justo empezó a llover, no me acuerdo a quién tenía que escribir una carta pero da igual, se la escribiré a ella, sin reproches, para preguntarle si se acuerda por qué me vendó en el sueño la mano, si tuve algún accidente, si me corté, si lo hacia nada más para que la recordara, para que me sintiera después al despertar como una mierda andante, no se donde está el jodido paraguas, si no está en la terraza dónde está, cada vez tengo menos neuronas y las pobres están agonizando, seguro, eso es todo lo que me queda, un puñado de neuronas agonizantes y una foto y un libro sobre el Danubio y un sueño a medio recordar en el que ella me vendaba una mano, como hizo una vez, una vez que no me acuerdo, ella que me odiaba cada vez que me tenía que recordar dónde había dejado las llaves.

2 comentarios:

Tracy dijo...

Diosssssssss, ¡qué bien escribes!

Mario gomez garrido dijo...

¿en serio?