miércoles, 4 de diciembre de 2013

Soportes de escritura



Con el papel no hacemos nada, tiende a disolverse a volverse aire a revolverse en bruscos desaliños mal tirados en papeleras insólitas y convertirse en marasmos de celulosa ajenos y sucios que se almacenan en charcos, en tachos de basura, en calles de arrabal, entonces, decimos, los poemas igual sería mejor escribirlos de otra forma, en soportes físicos más leales, que resistan el tiempo y los otros atentados que hacemos sufrir al poema, soportes tales como el puro mármol. Aunque las inscripciones en mármol son bastante aparatosas, todo hay que decirlo. El mármol estaba bien para los romanos pero igual ya no, es demasiado duro, intransigente, demasiado solemne, aunque es verdad que allá las palabras aguantan lo que le echen. Imagínense que estáis grabando en mármol el poema y te equivocas o lo que escribes es esa mierda de la que Hemingway nos habituó a desconfiar y remediar con una papelera metálica, entonces no hay forma, al final de tanto picar el mármol se queda en nada y la nada, como el aire, como el papel, creíamos que no era un soporte de escritura adecuado. No se pueden tirar bloques de mármol a las papeleras, abría que contratar bidones enormes y contenedores de obras para recoger tanto texto descartado, cuando es tan fácil doblar el papel en forma de bola informe y deshacerse sin más del insidioso poema fallido. En esto tan azaroso que es la escritura, que quieres se conserve pero a la vez que sea frágil y fácil de destruir si fuera necesario, no hay término medio que depare descanso. Lo ideal sería escribir en papel piedra. Piedra ligera tipo pómez, o papel duro tipo elefante. El papel es la piel del poema. Tiene que transpirar pero también resistir el frío. Este papel no lo fabrica nadie. Está por inventar. Por eso se pierden tantos poemas que merecían ser salvados. Por eso se graban en oro tantas palabras prescindibles, solemnes mierdas de andar por casa. Algún día será. Quizás cuando ya todos los demás poemas se hayan perdido, por el desgaste incluso de la piedra y el mármol. Entonces empezaremos de nuevo. Con lo mismo. Escribiendo en la arena. Arañando el agua.

2 comentarios:

Tracy dijo...

Se me ocurre escribir los poemas en la piel con besos, no son imperecederos pero el momento es único.

Mario gomez garrido dijo...

Ahhh estaría bien, pero la piel me parece menos resistente que la arena, no se si aguantaría siquiera ese instante efímero. (Suelo exagerar)