sábado, 5 de octubre de 2013

La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado



Sí, ya sé que es un poco tarde y con este sopor es difícil, pero en fin, déjame contarte, pago yo la última ronda, pero que quede entre nosotros, ¿vale?...el caso es que fuimos, sí, pero la cosa no salió como luego dijeron. Bueno, en realidad no mintieron, pero entiéndeme, no contaron todo, pasaron por alto detalles, cosas que yo sólo vi, que eran importantes, que la gente debería saber...aunque ya es tarde y van a cerrar y quién va a creer a un viejo borracho...a lo que iba, llegamos a la hora prevista, bajamos de la cápsula, recitamos bien el guión que nos hicieron aprender de memoria, dimos un paseo, recogimos muestras de rocas y plantamos la bandera. Lo que todo el mundo sabe. Pero un poco más tarde vino lo bueno, cuando ya nos dijeron que teníamos que regresar, me alejé un poco, subí una ladera, recorrí a saltos unos metros, caí rodando por un médano y fue entonces cuando entendí que la luna era un lugar extraño. Luego empezó a llover. Sí, no pongas esa cara. Yo tampoco podía creerlo, pero primero fue una gota que resbaló por la visera, luego otra, al rato aquello era un chaparrón considerable de agua rojiza, formando charcos, repiqueteando con fuerza, miré arriba y no vi nubes ni nada que se le pareciese, no había razón tampoco para pensar que estaba delirando. El caso es que me senté en una roca y dejé que la lluvia se deslizara por mi traje, como al tipo aquel de blade runner, alucinando, filosofando, dejándome llevar por la cómoda sensación de que me estaba volviendo loco, y fue poco tiempo lo que duró aquello pero me sentí como en las tardes de octubre en mi pueblo cuando el agua caía con ganas y rebosaba los canalones en medio de una oscuridad lenta que te hacía bajar los párpados y pensar un poco melancólicamente en las cosas del pasado, ya sabes, ese tipo de cosas. Por fin dejó de llover y volví junto a los demás, sin decir nada, todo estaba de repente seco, como si solo hubiera llovido para mi. ..¿Una última cerveza? Venga, yo pago. Créeme que pensé después mucho en aquello, año tras año. Claro que no tiene sentido. Pero lo cierto es que desde entonces no he dejado de sentir sed un sólo día de mi vida.