viernes, 9 de enero de 2015

Volver al lugar que conozco



El mar siempre me ha gustado, ahora que soy un viejo, como cuando era joven, por el oleaje y las mareas y los farallones, por esas rocas agujereadas no tanto por el mar sino por el tiempo en su forma húmeda, por el tiempo que va arañando la superficie y dejando extrañas formas y agujeros y pasadizos por los que gaviotas vanidosas intentan pasar para hacer demostraciones de su facilidad para el vuelo sin éxito, porque no eran ellas, no, las que siempre llamaron mi atención, sino las lapas, quienes, con lentos y seguros movimientos, acaban poblando las esculpidas formas de los acantilados. A mi me gustaba observarlas desde la costa, preguntándome como hacían para adherirse a la roca de manera tan tenaz. Isabel siempre me miraba como diciendo, aléjate unos pasos de mi que me agobias. A ella no le gustaban las lapas. Decía que las piedras también necesitan su intimidad. Yo no me tomaba demasiado bien esto, porque quería, a veces, acariciarla. Y la caricia es, como todo el mundo sabe, una de las especialidades de las lapas. El problema es que a mi tampoco me salía muy natural eso de ser lapa. Ambos éramos más bien cangrejos ermitaños, solo que andábamos para delante. Ningún naturalista, que yo sepa, ha visto acariciándose a dos cangrejos ermitaños. No se dedican a eso. No salen demasiado de casa. Es raro que Isabel y yo hayamos andado tanto tiempo juntos. Pero el mar en el que todo se complicó no tenía nada de esto, no tenía piedras, ni lapas, era una playa enorme, de olas mediocres, con un  muelle donde las gaviotas veían pescar a la competencia, con un parque de atracciones metálico a su espalda y con un paseo de tablones de madera que llegaba hasta la pequeña Odessa donde podías saciarte con un vodka rabioso.

Isabel, algo tarde, había estudiado Arqueología submarina en una universidad pequeña que ella llamaba la Academia de los Platos Rotos. Nunca supe si su súbito accidente tuvo que ver con la mala formación que allí se impartía. Yo, por mi parte, nunca había estudiado nada con más interés que los reflejos difusos de sus uñas los días que hacía mucho sol. El mar nos unía con una especie de insidia levantina. Ella hacía castillos de arena como hacía castillos en el aire, con cierta culpabilidad, como si eso fuera algo importante. No dejaba de intentar hacernos creer que el mundo no era el mundo sino un sitio hermoso. Hacer castillos de arena era mejorarlo. Era su responsabilidad. Por eso le daba miedo y tristeza y muchos quebraderos de cabeza, pero no podía de dejar de pensar en esos términos ni dejar de hacer castillos de arena. Por otro lado le gustaba mucho hacer poemas basados en antiguas inscripciones griegas. Era extraña Isabel. Su nariz no se ajustaba al resto de la cara, le gustaba hacer rabiar al gato, por otro lado, se entusiasmaba con Mozart, como si todo fuera compatible. Cuando llegamos a la playa aquel día desastroso, aún éramos jóvenes, tanto, que teníamos por costumbre apostar con cualquiera a que nunca moriríamos. Ella clavó la sombrilla, se desnudó, esperando a que la playa estuviera desierta, al final de una de esas tardes nubladas en que todo olía a algas. Nadaba con la facilidad de un Arión en buena forma. Fue un diez de junio lluvioso. Se miró en un espejo. No hacía calor. Se metió en el agua la primera, sin pensarlo, dando saltos, sin mirar atrás, sin que le importara lo más mínimo mi cara de terror pánico al agua, a las olas que ahora la engullían como si fueran las fauces de un dragón enfadado y se metió de cabeza y braceó y gritó de placer y por fin dijo: “Ven” . Supongo que dijo ven, por sus gestos, porque sus palabras estaban en otro idioma. Al salir, desnuda y salada, ya todo estaba perdido.

Empezó a hablarme pero yo ya no la comprendía una palabra. Al principio pensé que era uno de sus juegos. Ella siempre andaba jugando a perderse, me daba sustos a destiempo, a veces recibía llamadas a medianoche y era ella para decirme que la habían llevado a un hospital y yo iba y volvía y era broma me decía después, como si nada, no se, disfrutaba con los dramas y yo la quería también por eso, no tenía que perdonarla demasiado porque luego siempre volvía y se quedaba mucho rato en silencio y conveníamos en que las Erinias tenían peor carácter. Sentados en la toalla, aquel día, siguió hablando unos minutos hasta que le dije que no la entendía nada, que ya estaba bien de ese juego, que si nos quedábamos a comer en Nathan´s. Ella tampoco sabía en qué idioma estaba hablando yo. Se quedó seria. Me pregunté en qué dialecto me hablaba, griego, inglés, chino, árabe, japonés no era. Se asustó, dibujó en la arena unas palabras, unos signos parecidos a runas. No se qué significaban.


Creo que fue una poeta quien dijo que este mundo tenía un alfabeto confuso e indescifrable. Comunicarse no es fácil para nadie. Pero cuando alguien a quien básicamente quieres cambia de idioma de repente,  a uno le entran ganas de callarse para siempre. El regreso a casa fue difícil. Nos hacíamos señas, intentamos usar las manos, desdeñar nuestras bocas, aparentar que no había pasado nada. Ella tenía a su gato, con el que no tenía conversaciones, y se querían. No encontramos traductores que nos ayudaran, ni pudo aprender su propio idioma, ni nos molestamos en buscar algún tipo de esperanto. Lo que si hicimos fue volver, cada día, a la playa, esperando a que ella se zambullera en la espuma y saliera hablando el idioma que le habían enseñado de chica. No hubo forma. Pasaron días, estaciones, mareas, años. Nos acostumbramos a estar callados, cada uno pensando o soñando en su propio idioma. A veces la miraba y me parecía una estatua de sal. Nos hicimos viejos en silencio. No dejamos de querernos. Hasta el último momento esperé a que ella me confirmara que todo no era más que una de sus bromas. 

30 comentarios:

Rochies dijo...

Gracias X dos. Una por e relato que te reclamaba, y por fin subiste. Dos, porque se trata de una historia de mar.
Una historia donde demuestras que la inspiración no se te acaba nunca.
No sé si es mi caso...
Silvina aparecerá mencionada, como anfitriona de las múltiples cenas que le hacían al maestro, su matrimonio más llevadero. El departamento queda en Schiafino y Posadas, hoy una parte de Schiafino se llama Adolfo Bioy Casares. Está el 9, de la doble :)
Voy al ritmo que vos mismo me autorizaste.

Mario gomez garrido dijo...

De nada. Creo que no fue necesaria dedicatoria. El ritmo lo puedes variar como quieras, quién soy yo para autorizarte nada! :)

Rochies dijo...

Eres mi blog favorito, nada más y nada menos. Y ahora que ya vi que llegaste, subí el XXV del maestro :)

Rochies dijo...

Y? También te mencioné en mi muro de facebook. Anoche soñé con Abelardo.

Yolanda Roman dijo...

Precioso relato. Mantienen una comunicación extraña, pero bonita. Final abierto, sin rencores.

Mario gomez garrido dijo...

Gracias, Yolanda. Yo siempre estuve a favor de las comunicaciones extrañas, no se por qué.

Rochies dijo...

Gracias por esa preciosa foto. Transcribí el sueño para el capítulo LIV así que imaginatelo, no te lo tengo que decir.
Ya está el X de La doble.
¿Te conté que extendí mi estadía 4 días?

Mario gomez garrido dijo...

Gracias a ti por mencionarme y acordarte, esperaré a ese capítulo expectante. ¿Cuatro días más? Eso es que estás disfrutando, cosa de la que me alegro bastante.

Rochies dijo...

Gracias por tu comentario, aquí y allá. Estoy disfrutando mucho. Hoy es el primer día nublado en trece...
Lo aproveché para leer "Caza de Levrero". Publiqué el XXVI.

Mario gomez garrido dijo...

Hola, hoy tuve un buen día, aunque también nublado, yo no estoy leyendo ni a Levrero ni a Cortazar: tengo abiertos cinco libros: Henry Miller, Turgeniev, Anne Sexton, Conrad en inglés y un tratado sobre la locura en la tragedia griega. Este último me está siendo muy útil. De momento me ha sugerido que leer tantos libros a la vez no es bueno para tener una mente despejada. :)

Beatriz dijo...

cómo siempre, intrigante, desafías al lector lo llevas por un camino pleno de incertidumbres. Es un gusto, para mí,
leer, releerte, jugar con tu texto,con cada una de tus palabras,descifrarlo, porque está tan bien escrito que me motivas a hacerlo mío y fabular inventar acaso otra historia que acaso nada tendrá que ver con tu idea.
De cualquier manera, en esto de los regresos a los lugares que nos fueron comunes, indefectiblemente las vueltas nunca nos muestran el mismo paisaje... hasta los afectos mutan y no nos reconocemos en el presente. Solo nos recordamos. Sólo las estatuas permanecen inalterables, retenidas en el tiempo. Acaso si hablaran tampoco reconoceríamos su idioma.

un abrazo querido amigo. Te sigo

Rochies dijo...

No, no es bueno para tener una mente despejada, al menos es mi opinión. Hoy empiezo "Cumpleaños" de Cesar Aira, apenas termine con "Un tal Lucas" del que rescaté muy poco. Te felicito por el nivel de tus lecturas y por poder llevar adelante tantas tramas sin mezclarlas.
Ya está el XI de La doble. El que te menciona es el 46 si no me equivoco. Si querés te lo mando por mail
Qué buenas letras las de Beatriz.

Mario gomez garrido dijo...

Gracias, Beatriz, por tu poético-crítica, siempre tan atenta y certera y emocionante, redoblo el abrazo.

Mario gomez garrido dijo...

Disiento, Rossina, con lo de Un tal lucas. Reconozco que es un texto ligero para ser de Cortazar, pero a Cortazar yo ya no me veo capaz de reprocharle nada que haya escrito.
No mezclo tramas porque casi todos los libros que leo o son cuentos o son poemas o son ensayos, eso ayuda.
No conozco a Aira, ya me contarás.
Podría esperar al 46 hasta que lo publiques, pero la oferta es demasiado tentadora para mi curiosidad,si me lo mandas por mail me llevaré una alegría.

Rochies dijo...

Hecho, te lo enviaré por mail entonces.
Esa incondicionalidad que tenés con Julio, es a que tengo con Mario, Abelardo y el maestro. Nadie más.
César Aira, bien. Habrá que descubrirlo un poco más.
A propósito, ya está el XXVII.

Mario gomez garrido dijo...

Me llegó el correo. Es un capítulo lindo. Gracias. Lo único, no estoy muy de acuerdo cuando dices que no me conoces. No me has visto en persona nunca,eso sí es cierto, pero conocerme, me conoces bastante, creo. ;)

Rochies dijo...

Qué razón que tenés. Veré que agrego. Voya inspirarme en el muelle.
Hoy me fui a escribir hasta Aguas Verdes y después seguí hasta Costa del Este, acompañada por Julio y su "La otra orilla". Ya van de los leídos 3 cuentos impecables.

Mario gomez garrido dijo...

De la otra orilla a mi me gusta el que más Bruja. Y eso que no soy muy partidario de la magia, pero esa facilidad que tiene Paula para cumplir sus deseos es un juego al que es difícil negarse.

Rochies dijo...

Si supieras! es el único que elegí citar en mi capítulo creo que LX! y puse algo así como "me identifiqué con Paula!
Adore también "Suena el telefóno, Delia"
We are connected. Te merecés que cambie un poco la descripción de nuestra amistad. Ahora estoy con "Imagen de John Keats".

Rochies dijo...

Ya de regreso. Faltan 5 capítulos y se terminan las charlas con el maestro.

Mario gomez garrido dijo...

Difícil supongo el regreso. Ánimo. De las coincidencias no digo nada. Ya no sorprenden. Imagen de John Keats fue no se si lo primero o lo segundo que leí de él, después o antes de Final del juego, hace mucho mucho mucho. Me encanta como pasa de definir el romanticismo inglés a describir el vuelo de una mosca que entra en la habitación donde escribe. (Hablo de memoria, no se si era una mosca o una araña, en cualquier caso algo pequeño)

Rochies dijo...

yo creo que era una hormiga que recorría el escrito, y el decía que era por el olor de la tinta.
Ánimo es necerario, gracias. En una hora me zambullo en un subte en lugar de en el mar, pero tengo la vaga esperanza de poder ir de domingo a martes la próxima semana. Hablé con un hotel ya, antes de irme, ME FALTA HABLAR CON MY BOSS.
Solo tengo guardias que cubrir los martes y jueves de lo que resta de enero. O sea que me estaría dando solo el martes.
También sabés que tengo una madre difícil que todo lo boicotea.
Espero que nada de eso me llegue.

Rochies dijo...

Shhh ya es un hecho, sábado o domingo me vuelvo al mar hasta el jueves. El boicot, sorprendentemente no sucedió y mi jefe se portó más que bien. Una tontería pero el viernes de la próxima tengo que volver a hacer una guardia de 3 hs!

Mario gomez garrido dijo...

Ah, me alegro, estarás contenta, qué envidia!

Rochies dijo...

San Martín de los Andes para mí está esperándome y detenido en el tiempo desde junio de 2010 que lo pisé por última vez. Pero eso no es raciocinio, es un sentimiento que en mi caso no puedo eludir a pesar de saber que no es real.

Rochies dijo...

Querido, vengo a proponerte una tarea especial. Yo he decidido que ese capítulo será el LIX del libro, ya que lo escribí hace exactamente dos años cuando salí del encierro. Era un homenaje a Mario. Hoy es su cumpleaños. Actualiza tus letras con tus sentimientos hacia él. Descarto que serán un lujo.

Rossina dijo...

Te espero:
http://delaberintosydeespejos.blogspot.com.ar/2015/01/veintitres-de-enero-hoy-es-el-dia-de-el.html

Rossina dijo...

Vuelvo, si no tenés el Iglú en el Ártico preciso nuevamente your adress.

Mario gomez garrido dijo...

Te lo mando por correo, no lo tengo el libro. ¡Lo siento! Me he ido a desconectar justo cuando tú me dijiste tanto. Me comprometo a un emocional recuerdo de Levrero para la próxima semana, aunque ya perdí su cumpleaños ¡qué desastre soy! Ya te explico en el correo.

Rochies dijo...

No quiero que te saltees este

http://and-what-about-rochies-life.blogspot.com.ar/2015/01/encuentros-borges-parte-xxix.html

Te lo mandaré desde el mar. Me voy mañana a las diez de la mañana.